Había una vez una tumba vacía, un pozo hueco y sin nombre propio, pues por alguna razón extraña las bóvedas fúnebres no tienen dueño, que asimismo resultó ser la cámara mortuoria común de todos los hombres repleta de huesos abandonados, y ellos rememorando rememoraban, hacían memoria del holocausto, porque a los recuerdos, sean éstos buenos o malos, también los crea la historia.......
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